Tal vez.

“Él no es así”… por un minuto olvidé que ya no te conocía. Antes con certeza podía describir los lunares de tus brazos y los caminos que se formaban en tus ojos. ¿Cómo eres? ¿Quién eres ahora?…

Te dediqué mil canciones, canciones que antes no te gustaban, no pude ser yo la que te cambies el gusto musical y ahora tarareas las letras de melancolía y sonríes al los sones sureños.

Qué gusto sería volver encontrarte, coincidir y volver a conocernos, tal vez esa sea nuestra continuación de algo que nunca empezó.

Quiero que me recuerdes

– cartas al amor de mi otra vida –

Estaba pensando en las cosas efímeras. Todo tiene su fin, todo acaba, nada es infinito, nada es eterno. Así como tu y yo en su momento lo fuimos todo, pasamos a ser solo un recuerdo. Sin embargo hay cosas que quedan. Los abrazos se recuerdan y las sonrisas compartidas se conservan.

Quiero que me recuerdes como aquella persona que contaba su historia mientras creía que podía cambiar el mundo con ayuda de otros.

Como aquella a la que le gustaban los retos y las emociones fuertes. Esa que desayunaba adrenalina y se iba a dormir con el corazón latiendo por las nuevas aventuras que vivió.

Quiero que me recuerdes como la persona más despistada del mundo, la que pierde los celulares, las llaves, la cartera, el corazón y la cabeza.

Piensa en mi cada que escuches una melodía folclórica, de esas que me gustaba tanto tararear y tocar. Cada que te llegue un olor a espresso y flores. No te olvides de mí intentando guardar tu recuerdo en una foto.

Recuerda mi cocina y mi sazón, que con mis tres utensilios y pocas especias pude hacer fusiones del viejo mundo a la mexicana. Quiero que me recuerdes cada que pienses en México, en los rincones que conocimos juntos. En los cielos que deseaste conocer conmigo y de la tierra que te enamoraste.

Acuérdate de mí cuando te besen a nuestra manera. Recuerda cómo aprendimos a besar con amor. No olvides la primera vez que me dijiste que me querías y que te daba miedo imaginarte sin mi. Recuerda que lloramos juntos esa vez que el mundo se acabo para nosotros.

Quiero que me recuerdes porque yo a ti te recuerdo.

M

La que aún no conoces…

Una vez más me he puesto nostálgica en pensar en ti, en aquel y en el que fue. Extrañamente siento que eres la misma persona.

Pienso en lo que sería y en lo que nunca será, te has perdido de mi inocencia y mi temprana juventud, ese yo que no sabía ni qué, ni quien era y que se estaba buscando.

Pero descuida que te toca otra versión de mi, la que ya no es insegura por cómo se ve y acepta sus colores reales, la que sonríe y ríe a carcajadas porque vive un día más y ha descubierto que el despertar es una dicha infinita. La que sabe hacer café espresso en la mañana y omelet con tostada francesa. Te va a tocar la que tiene un acompañante de vida, de cuatro adorables patitas y aquella que cree que el ejercitarse varias veces a la semana es casi tan importante y necesario como leer un buen libro al mes. Te tocará aquella que trabaja a diario sin día de descanso, porque hasta en su descanso piensa que hacer para mejorar su trabajo. Aquella loca que siente la necesidad de salvar el planeta y esparcir la belleza de su país con el mundo. De una vez te pido disculpas porque no te toco la que se podía trasnochar tres días seguidos, pero que te aguanta un medio maratón y hasta se levantaría solo a verte cruzar la línea de meta. No te voy a mentir, te ha tocado la que le gustan los sabores fuertes de una buena cerveza, un vino y bueno, mi adición al chocolate que no ha de cesar. Tienes suerte porque te tocará conocer lo que considero es la mejor etapa de mi familia, y vaya que mi familia es algo extraordinario.

Al final de cuentas, si ya te conocí o si estoy por conocerte quiero que sepas que no soy quien creía ser. Soy mejor. Así que adelante, ven a sentarte a mi lado y platiquemos, déjame presentarte a quien me tomó diez años conocer.

– m.e.

La resistencia al cambio.

Cambios, cambios y más cambios. El pasado mes (o debería decir, desde mayo que por fin me titulé) es de lo único que se ha tratado mi vida. Mudanza, nuevo trabajo, vieja ciudad, convivencia familiar, casi cero vida social (o al menos al estilo de vida que acostumbraba), rutina de ejercicio, alimentación. Todos son cambios a lo que pinta ser para bien.

He tenido demasiado tiempo para reflexionar y es que últimamente lo único que hago mientras me ejercito, cocino, o hago los quehaceres de mi hogar es pensar. Pensar que quiero hacerlo todo a la vez, pensar que debo pagar muchas cosas, que quiero ahorrar para otras más y sobre mis planes a futuro. Veo que la mayoría de mis conocidos tiene un estilo de vida bastante distinto y es que todos venimos de un lugar al que se nos dio todo. Se me dio todo y no me puedo quejar, the grass is always greener on the other side… Siempre habrá alguien que la tiene mejor que tú, así como si volteas en la esquina del semáforo camino a tu casa, habrá alguien que se las ve difícil.

El caso es que dentro de tanta reflexión y cambio he tomado varias decisiones en mi vida, llamémoslo el parteaguas de mi vida adulta.

  1. El ahorro: Para empezar he decido ahorrar (cosa que desde chica me han inclulcado pero el tener un estilo de vida como el que llevaba jamás me lo permitía)… Mi papá todo el tiempo me está diciendo “No ahorres después de gastar, gasta después de ahorrar” y “No compres cosas que no necesitas porque pronto tendrás que vender cosas que sí”… Y pues ojalá a mi yo de 18 años le hubiera entrado eso en la cabeza… Ahora casi casi que me lo quiero tatuar para que no se me olvide que debo ahorrar.
  2. Mi cuerpo es mi templo: ultra cliché, i know. Pero cuanta maldita verdad, tengo 25… (yiesú, como pronunciaría en francés). Tengo 25 años and I ain’t getting any younger, así que como desde siempre me lo ha dicho mi abuela (que para sus 85 años pararse a bailar a las 10 de la noche sólo por la dicha de poder, me tiene que dejar algo), hay que cuidar este cuerpo que sólo uno tenemos. Toda mi vida, y quien me conoce desde que soy un infante, sabe que he sido atleta, deportista, que si no estaba en basketball, tenis, volley, estaba en natación, baile, no sé alguna actividad física, y desde que me fui a vivir a Monterrey por x o y, excusas y etc… dejé de ser tan activa. Pues no más: maldita la hora en la que dejé de hacer ejercicio. Y maldita la hora en la que los “clubs” deportivos los tiene que pagar uno y no papá (justo en la nueva pobreza).
  3. Zero Waste: Para algunos moda, para otros un cambio radical. Y es que es impresionante la cantidad de basura que generamos, no estoy aquí para hacer un ensayo de por qué deberíamos intentar todos ser zerowaste, pero bueno… Otra de las cosas más difíciles y que muchas veces no controlo. Llevo poco más de 15 días sin comprar botellas de plástico o utilizar popotes, pero es bien difícil porque muchas veces no depende de ti el recibir una botella de agua gratis como promoción o el aceptarla cuando mueres de sed. Pobres de mis compañeras que se trauman con las imágenes que les mando de las ballenas y tortugas afectadas por el plástico.
  4. Trabajo, trabajo y más trabajo: Probablemente el cambio más radical y al que más trabajo (valga la redundancia) me ha costado adaptarme, tener a un padre como el mío como jefe, no es simple. El trabajo que hago, tampoco lo es. Y las cosas que se esperan de mí, menos. Y a demás de todo este trabajo, sigo siendo community manager para una startup en Monterrey. Pero no es fácil trabajar para alguien, ayudar a la persona que te lo ha dado todo desde el día cero e intentar crear tu propio negocio. Es toda una odisea.
  5. Relaciones… (?): El último cambio que por ahora es el que extrañamente resiento, es el de las relaciones que tengo con las personas que figuran en mi vida. Siempre fui la foránea, la que nunca vivía en casa con sus papás y siempre tenía familias adoptivas, amigos de peda, amigos de trabajo, carrera. He sido de aquella que se aferra a todas las personas que han estado en mi vida de una forma impactante, buena o mala. Simplemente no los quiero dejar ir. Pero uno de los cambios que más trabajo me esta costando es esto. Dejar ir. He tomado la decisión de dejarlos, dejar ir a las personas que no se quieren quedar. Dejar ir a aquellos que quiero que se queden pero que no me aportan nada. Dejar ir aunque me cueste, me duela y piense que jamás encontraré gente así.

En fin, por ahí leí que el cambio no duele, lo único que duele es la resistencia a éste. Y sí, hasta en el gym la resistencia duele. He de dejarme llevar por el cambio. Aceptar las cosas como son y vivir la vida plenamente. Hic et nunc.

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